Bienvenidos a mi patio

Noticia de La Opinión A Coruña: www.laopinioncoruna.es/deportes/2020/02/10/bienvenidos-patio/1475843.html

¿Quién no recuerda las horas interminables jugando en el patio del colegio? Bocadillos gigantes. Sol en la cara o pisando los charcos. Pachangas que duraban todo el recreo o toda la tarde cuando las clases terminaban. A nadie le importaba el fortnite. Aquí el rey es el que aguanta más en la pista. Los derbis, los de A contra B. El patio curte el carácter, con cien niños y niñas de todas las edades detrás del mismo esférico. Y el físico, con los asfaltos que raspan los codos y las rodillas. El fútbol, para qué negarlo, suele ser el rey. Pero depende de qué colegio, empiezan a abrirse paso otro tipo de pelotas. Liceo, Dominicos y Compañía de María tienen ya un olor clásico a hockey sobre patines. Maristas, a baloncesto, sobre todo a baloncesto femenino. Y en Calasancias está de moda el voleibol. Los cinco equipos tienen en común que nacieron al amparo de esos patios colegiales para crecer hasta llegar a categoría nacional. Y con el lema del trabajo con la base. En ellos se encuentra la definición perfecta de canteranos. Es el caso de Joel Junco, Manuel Queiro y Lara Pena en Calasancias; de Jorge Ricoy, Ignacio Buruaga, Santi Miguélez, Andrés Miranda y Miguel Martínez en Compañía de María; de Iñigo Varela, Carlos de Ron y Manu Fernández Becerra en Dominicos; de Noemí Uzal y Dani López en el Liceo y de María Gorostizu en el Maristas. Jugadores que no solo han pasado por todas las categorías del club, sino que también lo hicieron por todos los cursos del colegio. Un sentimiento enraizado imposible de extirpar.

 

Dominicos. ¿Por qué los jugadores de Dominicos tienen ese carácter tan especial? La respuesta está en el patio de La Catedral. Tantos niños, detrás de una sola bola, aprendiendo a moverse en una baldosa y a defenderse. Ahora lo demuestran en OK Plata, de nuevo en categoría nacional, con un equipo al que quitando a Martín Payero, está formado por jugadores de la casa. Algunos ya veteranos, como Peli, Pablo Arias y Jacobo García. Otros a los que se les da la oportunidad. Están asentadísimos Carlos de Ron y Manu Fernández Becerra. Llega poco a poco Iñigo Varela. Y por detrás pisando fuerte ya esperan Hugo Mosquera, que incluso se estrenó como goleador. Y otra generación, los infantiles, en la recámara. "La garra de Dominicos no la tiene ningún club", proclama Varela. "Ser de Dominicos significa estar hecho de otra pasta, nunca rendirse, estar siempre al pie del cañón", describe De Ron. "Es un orgullo porque es uno de los mejores clubes gallegos, pero también una responsabilidad", dice Becerra. Los tres se han dejado la infancia en el patio de ese colegio, innumerables horas desde que se subieron a los patines con 3 años hasta que se tuvieron que marchar. "Es como mi casa. Conozco la pista y te sientes arropado por todos los que forman la entidad", comenta De Ron. "Juegas con tus amigos", destacan tanto Becerra como Varela. Del colegio se tuvieron que marchar, pero en el club continuan y continuarán. "Esta es mi casa", contesta rotundamente Iñigo. "Será muy difícil pero en el futuro...", abre la puerta Manu. Carlos es más contundente: "Todo el mundo mira al Barça, a Portugal, al Liceo... Pero yo soy muy de lo mío. Siempre quise lograr lo máximo posible con mi club de toda la vida y en eso estamos, despacito y con buena letra". En Dominicos se crece bajo la leyenda de un equipo que llegó a ganar la Copa del Rey y ellos lo hicieron fijándose en los mayores e intentado ser un día como ellos, que eran su espejo. Becerra y Varela fueron campeones de España alevines y poco a poco fueron llegando hasta el primer equipo. "Ahora lo que quiero es consolidarme", dice Varela. "Llegar a la OK Liga sería un sueño, es difícil, pero si algo nos enseñan desde pequeños es a no rendirnos hasta el final", concluye Becerra. "Que la gente sepa que Dominicos sigue existiendo, el equipo de colegio que puede acabar con los más grandes", añade De Ron.

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